La magia de la luz, su misterio.

¿Pero qué es la magia, qué es un mago? .No es alguien que sencillamente pueda ejercer la magia, sino alguien que puede causar transformaciones. Así pues, el diseñador experto en iluminación, a modo de “mago”, necesita un resquicio, una oportunidad al igual que la brindaban los proverbios en China y los refranes en España. La iluminación comercial, de escaparates y de espacios en general proporciona dicho resquicio al causar un cambio en la percepción del individuo que a su vez puede ocasionar un cambio en su realidad virtual. Ha de ser el diseñador de iluminación quien a modo de “mago” sea capaz de producir transformaciones llegada la noche o en la penumbra y, ante la oscuridad, con su arte, su técnica, convierta la angustia en gozo y la inquietud en satisfacción.

Los primeros pasos en la incorporación de la electricidad en empresas y comercios no resultaron muy eficientes. En un comienzo se trataba de poner la suficiente Luz para que los artículos pudieran ser vistos y con eso bastaba. Estas formas de llenar de Luz y claridad el espacio deberían llamarse alumbrar. Sólo es correcto hablar de iluminación cuando se administra la Luz según nuestro deseo y sensibilidad o según la concepción estética y la exigencia del comercio y el mercado al cual nos dirigimos. La selección, el emparejamiento y la combinación de los distintos tipos de iluminación para adecuarse al producto, a su contexto y al entorno, constituyen las habilidades exigidas al diseñador. La forma precisa en la que habrá de iluminarse una exposición concreta, dependerá básicamente del efecto que el diseñador quiere crear y las exigencias comerciales.

El control es de la mayor importancia si se quiere conseguir un efecto equilibrado; deberían evitarse los reflejos especialmente sobre las superficies de las vitrinas al igual que sobre otras superficies brillantes incluyendo el suelo, y las luces deben situarse de manera que no deslumbren los ojos de los visitantes al moverse por la exposición. No sería descabellado afirmar que el primer escenario estaría situado en el interior de una caverna o a cielo abierto, donde en círculos los primeros hombres saltaban, danzaban alrededor de una fogata. Las danzasrituales y ceremonias no eran concebidas para ser contempladas, de ahí que no podamos definir tales manifestaciones como escenario, pero si se puede considerar el fuego como la primera iluminación. Durante siglos el fuego ha sido el elemento simbólico de la vivienda hasta el punto de que un mismo término “hogar” denominaba indistintamente ambas realidades. Es evidente que la vida de relación de familia se ha desarrollado con preferencia casi absoluta en torno a ese elemento de contenidos mágicos que es el fuego.

Esta historia de siglos se ve sustancialmente alterada en el curso de estos últimos años, cuando el privilegio que ayer representó el fuego, hoy lo asume con su abrumadora presencia la televisión, pasando así a ser el centro de atención familiar con la perdida del “encanto” que producía el elemento natural fuego con su mágico efecto de “iluminación”, y su influjo directo al despertar de la creatividad y la imaginación en el hombre, muy al contrario de la atrofia creativa que causa el aparato artificial, manipulado por los intereses del hombre. La televisión, con su uso abusivo CONDICIONA SIN CUENTO NUESTRAS VIDAS. Este falso Dios al que nos sometemos entregándole gran parte de nuestro mayor bien: EL TIEMPO.